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Jueves, 08 Diciembre 2011 12:28

Queremos un espejo propio

Por su interés, reproducimos este artículo de La Vanguardia, de fecha 1 de Diciembre de 2011

TV3 se ha convertido en un ente de dimensiones inexplicables: tenemos un problema estructural y de modelo | Se habla de sueldos del 'star system' que de ser ciertos no se adecuan a su condición pública ni a las características del país

 El artículo que hace unos días Mònica Terribas, directora de TVC, envió a diferentes medios de comunicación "¿Queremos un espejo roto?" me hizo reflexionar y volver al centro de mis antiguas preocupaciones y de mi tesis doctoral sobre el papel de la televisión, en este caso la nuestra, como herramienta de normalización lingüística, cultural y nacional. He pensado mucho en si escribir o no este artículo porque no querría que se interpretara o todavía peor, se utilizara, como una crítica a Mònica, a quien respeto y admiro, pero como escribió José Martí hablando de Estados Unidos, conozco el monstruo –en este caso Televisió de Catalunya (TVC) y Catalunya Ràdio– porque he vivido en sus entrañas, y tengo que decir alguna cosa. La palabra monstruo en todo caso la digo con toda la estima que ambos medios de comunicación se merecen y el reconocimiento de la enorme tarea que han realizado durante estos 25 años. Pero precisamente debido a esta estima y reconocimiento, forjado durante los quince años que ocupé cargos directivos en la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) y cuatro años más como miembro de su consejo de administración, no puedo dejar de decir lo que pienso. El tema es complejo y el espacio escaso. Vamos por partes. Como repito siempre que se habla de recortes, estos son un gran problema si pretendemos hacer lo que siempre hemos hecho sin cambiar nada. Eso vale por la sanidad, por la educación o en este caso por la televisión. Si, en cambio, somos capaces de hacer una reflexión y aprovechar para corregir problemas estructurales y, aparte de hacer frente a la crisis, intentamos adecuarnos a las necesidades del siglo XXI, los recortes pueden ser una oportunidad.

Somos un país creativo pero que demasiado a menudo tiene como punto de referencia un mal ejemplo, el Estado español. Tenemos muestras dramáticas. La ley de la Función Pública, por ejemplo, o en el caso que nos ocupa, los medios de comunicación públicos. Lo explicaré con una anécdota. El día de Sant Jordi de 1986, cuando se inauguraron los estudios de Sant Joan Despí, yo acompañaba a un norteamericano que había participado en el estudio previo a la puesta en marcha de TV3. Paseando por las instalaciones me preguntó: ¿Cuántos empleados tienen? Y yo, orgullosa, no fuera que nos confundiera con una televisión regional, le dije bien alto: ¡Mil! Sin dudar ni un momento me respondió que era una gran desgracia. Que habíamos pervertido el proyecto y que acabaríamos siendo una mala copia de TVE. Que de lo que se trataba era de tener un núcleo creativo pequeño y crear tejido empresarial alrededor, como hizo el Channel 4 británico.

Es verdad que TV3 ha creado tejido empresarial pero también se ha transformado en un ente de unas dimensiones inexplicables. Se habla de una plantilla de 2.700 personas, a las que se tendría que añadir las contratadas por obra. Se ha hablado de sueldos del star system que de ser ciertos no se adecuan ni a su condición pública ni a las características del país. Y no hablemos de otros problemas estructurales como la composición y el número de miembros del consejo de administración (12 a tiempo completo) o consejo asesor (21 miembros a tiempo parcial), que si sumamos a los 10 consellers del Consell de l'Audiovisual de Catalunya, que también lo son a tiempo completo, configuran un número exagerado. Según mi punto de vista tenemos un problema estructural y de modelo, pues lejos de construir un modelo propio nuestra televisión ha acabado con una estructura como TVE.

No se trata de rebajar costes, se trata de repensar y refundar con fuerza. No se trata de hacer más con menos, se trata de hacerlo de otra manera. No se trata de dejar de lado a las personas, se trata de darles una salida más digno que la situación que muchos viven. Estoy de acuerdo con la directora de la TVC cuando dice que la televisión todavía es el escaparate más potente del país, una herramienta de cohesión social y territorial y la mejor constructora del imaginario colectivo. Y digo todavía con intención. En realidad, lo es mucho menos ahora que cuando nació, y de eso no tiene la culpa Mònica Terribas que, repito, ha hecho un trabajo magnífico. Es responsable internet y el cambio en el consumo de medios que ha provocado entre los jóvenes y no tan jóvenes. Cuando yo empecé a trabajar en TV3, teníamos días de picos de audiencia del 80%. Teníamos el Barça y Dallas y como competencia sólo las dos cadenas de TVE. La compra de Dallas, aunque ahora nos pueda sorprender, respondió a criterios estrictamente nacionales. Y el alto precio pagado por los derechos del fútbol también. Las televisiones privadas rompieron el duopolio el año 1990 y diez años más tarde lo rompió internet. En el 2002, el Proyecto Internet Catalunya nos decía que el 16,7% de ciudadanos de nuestro país miraba menos la televisión desde que navegaban por internet y de este 16,7% más del 60% tenía menos de treinta años. Este dato sorprendió mucho, pero nosotros sabíamos que era lo que sucedía en ambientes más maduros tecnológicamente que nosotros. Hace muchos años que lo vemos venir, pues. Sabíamos que internet rompería el discurso nacional, fragmentaría el imaginario y que la herramienta perdería fuerza. Y no hicimos nada. El espejo se resquebrajó el año 1990 y se ha ido rompiendo ante nuestra indiferencia o ceguera, no sé qué pensar. Yo he sido siempre crítica con el papel de TV3 como herramienta de normalización cultural y por descontado nacional. La normalización lingüística es otra cosa, pero la experiencia nos ha demostrado que una normalización lingüística sin una normalización cultural, ya no hablo de nacional, sirve para normalizar el conocimiento de la lengua pero no su uso. Hay que decir también que sin TV3 no hubiéramos ni normalizado el conocimiento del catalán. Pero muchos de nosotros aspirábamos a más. Hemos perdido diez años porque hemos subestimado el poder de la red. Eso no es digno de una sociedad creativa e innovadora, que se anticipa al futuro. Un artículo reciente del diario The Guardian decía que los adolescentes británicos echarían mucho más de menos un fallo en el acceso a la red (25%) o de su dispositivo móvil (28%) que de la televisión (18%). La penetración de internet en Catalunya llega al 95% entre los jóvenes de 12 a 15 años y en cambio, como ya demostramos hace más de cinco años, su vínculo con la televisión (no con los contenidos audiovisuales que consumen cuando vuelan y desde donde quieren) está en claro declive. Hoy, los cinco canales principales de YouTube tienen la misma audiencia que los cinco grandes canales de televisión por cable de los Estados Unidos. Por cierto, que YouTube está haciendo estragos en el móvil donde es responsable del 20% del tráfico.

¿Si los usuarios se sienten más atraídos por los contenidos audiovisuales on line que por los de la televisión tradicional, qué sentido tiene la Televisió de Catalunya como servicio público? ¿Si la audiencia de TV3 raramente supera el 20% y la suma de los restantes cinco canales no llega al 6%, la supresión de dos de estos canales es un problema real, o lo tendría que ser su incapacidad para adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas demandas?

Hay que repensar el papel de la CCMA. Como servicio público es necesario que tenga en cuenta todas sus franjas de audiencia y que se adapte al siglo XXI en contenidos, cultura y estrategia. De lo contrario, perderá su razón de ser. Podría abrir un canal para que los jóvenes cuelguen sus productos o abrir sus archivos, como hace casi diez años hizo la BBC, para que los jóvenes los remixen. También podría utilizar uno de sus canales con subtítulos para normalizar el inglés en Catalunya. A buen seguro que si lo hiciera nuestro nivel de inglés, especialmente el de nuestros hijos, sería comparable al de los países nórdicos. Y su función de normalización lingüística hubiera quedado intacta, porque ya lo había alcanzado en 1988 consiguiendo que el 97% de la población afirmara que entendía el catalán.

Finalmente, no puedo dejar de expresar mi disgusto porque me sentí secuestrada por un Telenotícies que creía de máxima calidad. No me parece ético aprovecharse del poder de la pantalla para tener durante 11 minutos una audiencia cautiva para las propias reivindicaciones. Otros sectores más vitales para la población sufren debido a la crisis y no han merecido, ni de lejos, este trato. Estoy convencida de que tenemos la mejor directora que podríamos tener, pero no nos tenemos que resistir al cambio ni mimetizar lo que se hace en el Estado. No queremos un espejo roto, ni un espejo prestado, ni un espejo copiado. Queremos nuestro propio espejo.

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Teledetodos es un Grupo de investigación que agrupa a profesionales, académicos, investigadores y a todos aquellos ciudadanos o colectivos interesados en un auténtico servicio público de comunicación audiovisual y multimedia. Este sitio pretende ser un foro de referencia y documentación para todos los interesados en el sector de la comunicación y sus contenidos y publicaciones están abiertos a la participación ciudadana.


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